Periodistas, más allá de todo
06.16.2011 en Editorial por Revista Altoparlante
En esta edición número 49 de RAP! ahondamos en el oficio de ser periodistas. Y para ello, nada mejor que apelar a los colegas “lugareños”, como dijo uno de los destacados columnistas que escriben para esta entrega.
El periodismo en sí mismo, como la política, en las últimas décadas ha perdido gran parte de su capital de credibilidad y confianza con la sociedad. El periodista, hacedor estelar del periodismo -como el político, de la política-, no ha corrido mejor suerte. Como se sabe, dice el refrán popular que siempre pagan justos por pecadores. Y a eso viene el informe central de esta edición, subiéndose a caballito del día que honra al trabajador de la prensa, a reivindicar al periodista como tal, más allá de los impostores y oportunistas, de los mercenarios de la palabra que se venden al mejor postor o tarifan su opinión de camaleón, más allá de los medios y los multimedios, de los intereses espurios de empresarios lobbistas y de los condicionamientos reales con los que convive, más allá de cualquier forma de censura y más allá de todos los que ensucian esta profesión tan noble, este oficio para elegidos que no pocos colegas asumen como un sacerdocio para toda la vida. Por esto, que quede claro desde el principio: el periodista no es el patrón ni es la empresa de comunicación, si es que alguna vez lo fue. El periodista forja su andar laboral como cualquier otro trabajador, en relación de dependencia o de forma independiente, pero ninguna de estas condiciones es garantía de nada respecto a su desempeño responsable. Contra lo que parecían verdades reveladas como que el periodista se debía a su independencia y a la objetividad, hoy se va pasando blanco sobre negro y se valora cada vez más los sentidos de la “libertad de conciencia” -menos capcioso que el muy detentado, por cualquiera, carácter de “independiente”- y el más llano “compromiso con la verdad”, más allá de cualquier supuesta “objetividad”.
Así como no existe la política ingenua, tampoco existe hacer periodismo con ingenuidad. Así como los políticos se codean con los poderosos, los periodistas se verán, o no, en la responsabilidad de relacionarse con personajes que los tentarán, los medirán, les buscarán el talón de Aquiles. En cada uno de nosotros se haya la integridad ética (o no, entonces en ese caso no será periodista, aunque cause la ilusión de serlo) para enfrentar estas “pruebas” que impone la profesión de comunicar. Nuestra credibilidad es nuestro mayor capital, más allá de cualquier interés efímero.
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Publicada en RAP! / NRO 49 / JUNIO 2011 / AÑO V / Neuquén, Patagonia Argentina
